Voz, sentimiento
Guitarra, mi erozona
Bajo, golpe a ligamentos y mueca alegre
Batería, sístole-diástole
Órgano, explosión en quietud.
Soy una advertencia.
Voz, sentimiento
Guitarra, mi erozona
Bajo, golpe a ligamentos y mueca alegre
Batería, sístole-diástole
Órgano, explosión en quietud.
Soy una advertencia.
El no saber más nada de vos costó cuarentena ya por años. ¿Adónde me fui?
Sometido al rehenato de mis emociones, ya comatosas, y sin más consuelo que una máquina de escribir, veinticuatro siento, ocho pienso.
Paralizados mis miedos, siguen uniéndose contra mí en la quietud. Al borde de lo revulsivo quedó mi mambo, lleno de caras rotas.
Soy una trayectoria, y a cada grieta en un recuerdo, varios fuegos y un alud.
Decimos, mis tres defectos y yo, que estoy curado, no río ni compro. Solo me quedó un panorama para tachar minutos.
Lo supiste ese jueves mismo, ya la sonrisa me costaba la misma vida y ya el llanto enarbolando franquezas. La vida, esquiva cuando no impostora, deleitándose con las entrañas de mi búsqueda. No habrá, entendí.
Sentí bajos y órganos, escapé por céntimos. Pero me sentí en otras personas y siempre caí en mí, y solo hubo cantos y serían mi redención, mis cuclillas desde donde mostrar los dientes.
¿Hacia dónde me fuí? Pude curar al tiempo, que yacía vesícula en mano a la expectativa de mis vómitos. Le expliqué, curamos escupiendo y no regurgitando.
Atrás grandilocuencias, adelante traiciones de mí para mí. En medio, un universo preguntando por mí, pero yo quedé atrás.
En llantas, soy la carta más alta.
Los resabios de un alma son esquirlas puras de grandeza en tinta. Salpicar la estima. Que la avidez nos salve del común, solo desde allí somos otra cosa.
Del empujón a la proyección.
Hay noches de abrazos, hay tardes arrogantes y hay domingos de indiferencia.
¿Con quién vas a querer dormir? Sos blando cuando querés, fiero cuando podés.
Soñabas con afectar, pero con aflicciones fuiste tras cimitarras de aura conocida. Acá vos, hasta acá yo.
Poco puede cambiar el aire, también tu chance: perder esperanzas del bolsillo hasta llegar a destino con un llanto nuevo. Del llanto a la brillantez solo estoy yo.
Alma, libertad. Cuerpo, encerrona. Alma y cuerpo, pensamiento.
Lloran porque están fuera del tiempo. El cuerpo se limpia, el polvo se ensucia.
Letargo eterno en la cama, vuelo y simulación para calmarlos.
Verbo, así, fuera de lo pernicioso.
Planeo destino trascendencia.
Mens sana, corpore insano. Función corta.
Corpore sano, mente nunca encontrada.
Historia de adultos, problemas de infancia tardía.
Historia de infantes, adultez sumida en podredumbre.
Excepcionalidad y regocijo, solo roce y tangente.
Volátil, perdurable.
Perdurable, ancla.
Legado, preparate para poco.
Banal, yerba mala nunca muere.
Puño cerrado, llagas en las manos.
Chau, liviandad cítrica.
Muchedumbre, nadie.
Soledad, siempre dos.
Lo peor de la diversión es perseguirla y así poder mirarla desde adelante. ¡No deja nada!
Expiado de mí, exiliado a microdosing. De buenos días a días buenos, pero no todos y es ése el dolor. Quedan crepitando aquellos días de vagabundos bienestares en paredones y umbrales de sodio, nadie supo de las logias entre mis combustiones.
De la verdad a mi yo mentiroso, de mi vergel a mis yemas curtidas en tinta onírica y en erozonas que atrapan desde lunares que piensan. De lo más desconocido a mi yo más lindo en una esquirla de ánimo. Soy un péndulo de arena, nunca cojo forma, ya todos la conocen.
Como una cebolla me luzco, conmigo es un placer llorar, y más aún ser voyeurs. Pero ¡ojo!, pocos vieron mis dientes. Piano a piano, cada novedad lo es hasta desollarme. No hay mejor delirio que ir al cuchillo buscando cuero. ¡Cuántos buracos nuevos!
Mis palabras solo chispean bajo la deseosa pesadumbre. Mi andar, siempre triste.
De agotamientos vengo en ritmo y visteando anaqueles con alarde de desasosiego lleno ratos valiosos.
El entusiasmo me da forma y vivo con eterna infancia los juegos adultos, las osadías de poca monta y quién sabe cuántos burdeles emocionales.
Liviano se puede bailar. ¿A quién lacera el descaro?
De voyeur y ermitaño se puede vivir siglos duraderos como un día, bebiendo de la eterna cadencia del cambio, abierto de brazos en aras de dar libertad al desazón. Todos los días la misma sanata: alguna pelotudez nueva, ¿cuáles todas te dan ganas de morder?
Primitivo y provechoso, hay una sola cura, el viento, y una sola razón, la sangre. Duplicándose van estocándome. Desde acá arriba, ¿qué puedo hacer?
Relajate y gozá, son veintidós los vergeles deshojados. Un baile que conocés pero para el que no te da. El trabajo sucio no es tuyo.
Lleno de frititos corro, y ay de mí si me libero. ¿Aguantaré?
Los pétalos están hechos para caerse, Chitu.
No pierdas esa esencia negra.
Sos tu mentira.
La esperanza no es más que ese combustible que nos mantiene vivos ad infinitum esperando lo que no llega.
Es un consuelo con buena prensa.
La felicidad es una palabra, es idioma. Se puede evitar el mal humor, la rabia o sufrir lo menos posible.
Pero la felicidad es un invento, no existe.
La felicidad solo existe cuando se pierde (y salimos de la falta para evitar males humores y remordimientos)
Después de todo, siempre hay quien preste neuronas.
Varias propuestas para cruzar el río cerca del mediodía se decide arriesgar el paso El problema más agobiante es voluntario, por supuesto...