La gente necesita espontaneidad (si de arrastrarnos vivimos)
24 de julio de 2018
22 de julio de 2018
Los ojos en el puño cerrado
Le disparé con los dedos quemados, la puse en mis brazos, le prometí una estrella a sus pies y para amar no tenía suficiente fuerza...
19 de julio de 2018
Un buen día
La siesta me sorprendió con un favor: me vació de sensaciones sobre sus rostros. ¡No me acuerdo de nadie!
17 de julio de 2018
Aún penando
Queridísima.
Fuiste la vida y no vos.
Somos una especie de no sé bien qué. Batallando contra las aventuras aún andamos, duchos en casi nada.
Pero a pesar de todo encontramos un punto ciego a la inmundicia, y allí salimos a caminar por impericias y dulzuras, de las que cuestan rubores y hasta el personaje.
Curiosamente no fue la vergüenza la que me enseñó el valiosísimo silencio, sino más bien lo contrario, nuestro constante andar. Hoy las ganas me duran poco, me siento mejor así.
De las noches aún no he podido descansar, ningún sol me vio todavía sereno. "No estamos en más que en una bicicleta"
¿Por qué querrías que sea aún mejor?
Sigo drenando.
17 de mayo de 2018
Y si me pavoneo un poco es porque quiero atrapar tu deseo de jugar en cada guiño, cada gesto
No puede ser. Ella saca muy bien la ficha de cada persona. Me llevó de paseo por las artimañas de unos insensatos y por lo lindo mío. Vio el resquicio donde nadie. Supo hacer posar mis ojos en lo que contaba. Tuvo tiempo de sobra para mostrar su trabajo sobre mi entusiasmo de pavo real, no se resistió a hacerme caer.
Salí a por aire y volví que no entendía nada. Todo el mundo era de blanco dentadura. También alguno trató de callarnos. Con ella no pudo, yo solo admiré, no hubo otra corriente más que la de ella. Tuve que dejarme llevar.
Temo que esta vez sea, por fin, la primera en que festeje un despropósito. Nada más dulce que el hierro de las cadenas.
29 de abril de 2018
Al decano
Me perdí hasta aparecer en una cueva familiar. Húbolas muy lindas, tanas y rapadas, para todos los gustos. El cortejo se transforma en una virtud, el erizo debe ser tentado.
Por suerte, ante el rumor pude flotar.
Vi al decano afinando el arpa. Fue un ladrón de admirar (de diez, se lastró nueve) Esta vez no hubo olor a pasto ni estuve pululando a la espectativa. Fue desagradable ver tanta máscara cordial entre tanta anestesia (ambos sabemos, cordial no hay) Preferí no dormir.
Más barato fue oír sin escuchar los elogios, pretender, a mis mismas espaldas, respirar evitando el hastío de existir. El respeto no se ve, no hay por qué ostentar.
A decir verdad, nunca tuve experiencia en esto. Pensé lo difícil que sería radiografiar a la belleza toda vuelta, y no pude pensar nunca más. Me asombró el tropezón de la satisfacción a la cama, de respirar al aire prestado, de la calle a la intensiva. Entre la indefensión y la debilidad hay toda una vida. No hay vuelta para el crepitado en una bocanada, che.
Llegó a verme, fui negro ante la luz, me hice un espacio antes del túnel, fui el primero de los dos barbudos y a mí no me rezan. Tiró una madeja de valores y entereza ante un son festivo, ¿qué más uno le puede reclamar?
Deseo ya que el confín a la vieja escuela sea salpicado en paz y manchado en liviandad. Eso es lo que nos permite volar.
Viento de mar, que nunca diste gentileza y por eso te sigo admirando, que me enseñaste a ser reacio, que los valores son los mejores somníferos y que a la mano blanda la mueven los otros, espero que siga tu rumbo hacia salones con patas de jamón colgantes, con la manteca esperándote y el recuerdo de travesuras de antaño se apropie de vos.
12 de abril de 2018
Dulce bilis
Un día de añoranza, quizás sea de la banalidad de algún día. Sirvieron unas pocas horas para ordenar los estantes, aunque no trato de no engañarme, es solo más un rato de mi permanente análisis (vaya divertimento)
De todo ello, disfruté ávidamente algunos pasajes dónde me explicaba algunas cosas a mí mismo (claro que solo el hecho de haber sido fruitivo fue la novedad): desde que vagisil se subió a mi púlpito nunca más volví a querer pasear por el puerto, y he allí una razón de que viva en una apatía constante. Claro que mi desconcierto, celoso, no me deja-dejarme llevar por veranitos y allí caminando-ando, sin saber qué bondi me deja bien; mi sueño constante me ahorró la inconsistencia que suelo aborrecer, ¡qué gratis que resultan los demás!; lo grandioso que resulta ser el miedo de arrastrar el alguien que cunde en mí. Quien con principios se mueve piérdese la melaza de las tantas ficciones, y justo que la única pose que sienta bien a mis dientes es la ironía...; odian a los que no se cansan; entre la mente y la lapicera vuela siempre una mosca y se me caen dos cosas: la genialidad y la satisfacción; siento devoción por que me peguen bajo y aberración por que jueguen sucio; la guitarra suena bien porque se porta en las zonas de placer, almacén y erozona.
Lo peor de todo, la sobriedad.
Con brújula y sin debilidad, no puede uno vomitar.
31 de marzo de 2018
Treinta y uno del tré
Iba al frente con lo mejor que tenía en el frente. Lo más chico he ocultádolo mientras pude.
Pensé que a la ternura no se va en muchedumbre, sino sólos. La compostura es sostener el honor solo un paso más, pero claro que en el estancamiento está uno más flácido; el lento está para ser espiado en una pista solo premonitoria de la vulnerabilidad que cabe en un cubo, al cual el blanco viste de grande.
Esto es solo un ejercicio.
24 de marzo de 2018
24 de febrero de 2018
22 de febrero de 2018
La estupidez triunfa en este juego
Sigo cargando conmigo algunas fichas que pegan bajo, aunque al parecer sigo bien parado. Cómo siempre, parado.
Resulta ser tanta la ingratitud de lo desordenado, tiré al fango una ficha que era no más que un feo recuerdo, aunque nunca caminé por él. Sabía lo que significaba, pero nunca lo saboreé. Nunca me gustó ser amigo de los amigos, y éste tampoco era el caso. Aún así, el desorden jugó bajo. Me mostró una mala y conocida cara. Al agua, pato.
Otra vez en el lugar de la casa, mi casa y la de todos, que más me contiene dulce y placenteramente cautivo. Otra vez, pero otra ficha. ¡Pero otra ficha! Y yo sabía que andabas un poco tristona, nunca te valoraron tiempo y forma, y esta vez tu mano derecha. Tanto que hablaste de ello y llegó tarde, algo que yo no perdonaría, algo de lo que vos llorás.
Yo sigo parado y por el campo andan corriendo, como siempre. ¡Queda pintada la rapidez, la puta madre! Y te gusta, y llorás porque te gusta, y llorás porque te hace mierda sentirte bien por tan poco. Tan poco.
Fuí caro, como con todos, pero con vos más aún. ¡mirá el berenjenal que te dejé! Lo miro y río, porque ni aunque me duela un poco opaca el goce. Soy caro.
Un recuerdo de mí no podrá hermosearte más, pero igual me mata no saber dónde estás ni qué hacer
Si habré llorado... Y aunque hoy no río, no chillo, porque nunca me gustó. Ni cuando me dibujaste la cara. Y aunque haya borrado tus veinte números, todavía me acuerdo el fin de ellos, y el arrebato todavía no puede conmigo.
¡Y esa ficha! ¿Qué sentirás? Todavía ni me tomé la molestia de tirarla a la mierda. Tanta psicosis después no me dió la sangre. ¡Pero cómo se equivocó, la puta madre! Tanto que hablas de ello...
Y todavía me resuena tu tortuosidad.
¿Por qué será que seguís rondando? Me doy miedo porque nunca sé qué mierda hacer y siempre andás al acecho.
Siempre caro, siempre mucho, siempre abrumando. Y me vuelve.
Aún así, cortés como siempre, me guardo unos cartuchos por si algún día te toca el suplicio de tener que andar en la mayor ingravidez de todas. Y el gusto siempre es mío, nunca tuyo.
Recordar para olvidar.
21 de febrero de 2018
Palabras des-ubicadas
Relativizar vomitivamente; regurgitar la falta otrora engullida; devolver el regalo sin poder (ni querer) cuadrarlo; volar en la aventura hacia la amnesia también amarga; ser voyeur y piel del descaro; des-conocer; ex-sistir; marcar, a diente pelado, la eterna bi-furcación; volver a lo más cuadrúpedo de sí mismo; enaltecer la humanidad manifiesta en cada espejo y cada des-precio por el suelo; ejercitar el borramiento con papilas también saladas; disminuir la nueva falsedad; jugar infantilmente a diario con la mortandad que sopla nucas; pretender la risa en lo sin luz -saberse alumno una vez más; camino y regreso a lo verdadero e inexpugnable; hacer las paces con el incordio; escupir la tinta; racionalizar lo estúpido; vuelta a la diversión más vacía; vuelta a la completitud y la falta también; retorno a la explicación; exhibicionismo de la putísima soledad; llenar los ojos de formas que no se ven; pasear por los deseos hasta saberse irresponsable; vuelta a la verdad, la única que hay. Ver el tiempo laburar el rostro.
El des-amor.
16 de febrero de 2018
Desde el pliegue
Desde el silencio, la efusividad resulta un vejámen. Resulta, claro, que no todo viejo lobo, arrinconado por él mismo, muestra los dientes. Más bien, quizás alguno de ellos, vive en la feliz opacidad de conocer el curso siempre desdeñable de las simples, más simples cosas. Sabe, alguno de ellos, que los dientes son la hilacha...
Sabe, alguno de ellos, que no siempre ese que mueve la cola sabe lo que hace, quizás porque andar oliendo culos cortés y aparentemente lúdica y desinteresadamente los mantiene abstraídos de la seriedad que supone cada huella en la nieve. Quizás haya baratura en no mirar, alguna que otra alocada vez, el fango, pero solo lo sabremos al llegar a la caverna.
Casi nunca era de a dos, sabés. Jamás deseado fue eso. Y era tan lindo ver arrumacos y acicalamiento entre tanto color, que el boludo no sabía con qué quedarse, ¡pero qué dilema! Pero el gris parece abundar por estos giros, se prefiere la seguridad. Grupear es ley, como diría un bípedo. Ya sé, algún momento de dulce tarascón hay, pero el aullido contagioso va cundiendo como una avalancha que ya nos obliga a vivir en puntas de pies. Y obvio, alguno de ellos ni baila ni corre ni desdeña su olfato con algún poco fino orto.
Prefieren el eco y no los reconozco. Menos mal que son iguales y no la misma especie. Todavía me mantengo candente en mi silencio, el silencio. Aguardando ese letargo ando, y de vez en cuando me permito salir del apagón a ver qué fría luz los llama desde un ficticio calor aunque sí saben que a pasar frío van, siempre al fin, siempre al cabo.
Y yo que pensé que esos raros se habían ido de nosotros, pero no. Cada aurora los siento más familiares, entiéndolos más y es asustadizo, tanto que si supiera reírme lo haría. Cometen la misma santa estupidez, perdieron el vívido color de los globos, al menos el que jodía todo el tiempo, para su bien. Ahí andan, ahí los tenés, solo pueden hacer lo suyo cuando ellos mismos se los permiten, y ya solo unos poco usuales lo hacen. Quizás al sur, en algún manglar, lo hacen, sé que sí. Pero son los poco usuales, a los que paradójicamente los echan con nosotros o con mis primos. Pero algunos de ellos, esos, se permiten tan bien el escape, la supervivencia, el adorno a ese cosquilleo latente, le dan vida.
Están volviendo a la caverna, nos siguen. Los siguen, yo no soy igual a ellos, y ellos tampoco a ellos, pero debo aullar. Verdad alguna, pero desde la quietud debo fabricar mi placer, su displacer al llegar.
15 de febrero de 2018
Anchorage
Tan verde y al paso, y tanto es el cansancio de tener que volver.
Tan pura en la belleza y tanto haría falta sin que deje de haberlo todo y mucho lo esencial.
Tanto silencio y mucho dicho por lo bajo.
Tanta vista que queda anclada a una vez anterior y nunca una palabra de ello. Tan poco y tanto código.
Tan chico el mundo, éste mundo, y tan liviano el cagar por acá (igual jode)
Tanto sueño en esquinas reliquias proyectando despegar para siempre saber de vos y sentirte y sentirme yo alguna otra vez.
Tan vos que me veo yo (no tan yo)
Tan segundo (o tercer o vaya a saber qué) plano que siempre se parte desde acá.
Tan puro el aire que vicia día a día.
Tan hermanos que nos solemos odiar.
Tan parecidos que venimos de tan lejos, pero prestámonos el asfalto.
Tan raspada la goma y tan pesado el ancla.
Tan bien se duerme que todos los días suelen ser iguales.
Tanta verborrea fea que divierte sin entidad.
Tan desconocida como ejemplar y tan ejemplo que quedó en un pasado.
Tan superfluo de a momentos que ahoga para siempre.
¡Tan a gusto que no quiero arrancarme un mísero día más!
Tantos mocos que volvería una vez más a cada uno.
Tantos árboles y tan feo aire.
Tan puro aire y tanta libertad sin honrar.
Tanta invasión y seguimos en paz.
Tantos mercenarios a elegir todos y cada día. ¡Tanta casta elegida!
Tanta mierda embellecida y tanto dulce de callado...
Tan naranja que te gusta jugar al blanco y negro.
Tanto extrañarte y para nunca venir igual, ¿qué va a ser de mí al volver?
12 de febrero de 2018
Ahora sí, año nuevo.
-¿Nunca te pasó de querer estar con una persona? Estar. Hablar, saber todo y cualquier cosa... Que elija de qué hablar, total tengo una vida para escuchar banalidades, o cosas serias (mejor aún), caminar, abrazarse, mirarse. Estar, existir con responsabilidad, solo eso.
Bueno, me pasa con vos.
-¿Y me invitarías a pensar?
-No.
-¿Por qué?
-Porque soy un alguien que piensa mucho, demasiado, y no te invitaría a lo insano. No ahora.
-¿Y? Te invito yo.
Chá, chá, chá.
23 de diciembre de 2017
Nubazón, nubazón
Llovía fino y vario. Pensaba yo, el viento, o lo que parecido a él era, traía algún que otro hastío. Más que todo, lo primero que se me cayó fue la culpa de presumir alguna aparente calma hacía un rato. Vos sabés que pequé en escupir semejante desparpajo. Yo también.
De a ratos, volvía a plano y nada más porque las patas sufrían algún que otro filamento de agua imberbe. Y me aburría.
Y me aburría. Vos sabés que la banalidad me puede solo para romperme las bolas, ¡no la entiendo! Siempre me puede y nunca la cazo.
Andaba como un pavo gritando a los cuatro vientos lo rápido que corría en el lugar, lo quieta que se movía mi nube. Mansa nube. Mansa. ¿Por qué? Al rato me seguía preguntando, porque ese vómito seguía saliendo, aunque menos, de mi sucia verba. Puto vómito, sé que es cuestión de tiempo, pero será que el reloj se habrá cansado de varios, porque lo sé. Pero yo voy pesado por mi cuenta, no me suele salir nada mal. En vez de cuatro o miles, yo solo una elegía elegir.
Pensaba yo. Pensaba que lo mío había sido, en aquel entonces, mirar alguna arpillera desde la vidriera (muy asilvestrada pero bien dada ella). Pensaba yo, también, en los golpes que veía que le habían dado, no sé yo cuándo ni quién, para que yo pudiera pasar. Preferí que siga siendo eso, porque muere un poco de mí con cada interés que debería, siempre nada más que debería, regalar al camino. Me habían dicho que liviano es más dulce o qué sé yo. Qué mierda sé yo.
Y me jodía ella, eh, me traía de vuelta un segundo. Pero no.
Ya acostumbrado a no mirar lo que toca -un ejercicio diario de varias repeticiones, empecé a entender que ya entendía algo, a fuerza de sí mirar los embustes y alguna que otra zamarreada, de qué momento era en el cual esa sal servía y en cuál está demás. ¡Sirve después y no ahí!; después de todo, seguía siendo la misma la que me arrebata(ba) las palabras, incluso aún sin haberme insinuado ni haber proyectado una puta neurona. Si vivís en una nube de mil pedos. Seguía y sigue siendo la misma, vos.
Mientras alguna humareda me borraba, ya desde hacía rato sentía un zumbido parecido a una voz. Ah sí, lo había olvidado pero alguno de los otros yo le respondía. ¡Blah!
-"Es ser escueto eso, querida. Necesitar de la vida, que voltee su roñosa cabeza hacia nosotros un minutín, no está mal. Es más, es lo que debemos esperar, mientras ayudamos meneando el orto de lado a lado, apresurados y apenados pero poniendo el pechámen al fin y al cabo; otra cosa, ilusa e inocente, es esperar de las personas. La vida tiene todo, las personas apenas diez dedos. Pero... aún así (ponele sal y pimienta si te place), ¿no concedés un centímetro? Tenés blandas las rodillas vos todavía, no jodás", claramente palo y palo, película proyectada para joder nomás. Está claro.
Ah, cierto, seguía éste ahí...
Último tren. Pensaba yo. Pensaba que quizás era que alguien tan odiosa de hacerse pasar por inocua y sonriente, alardeando una simplicidad prestada, pudiese encontrar ese juego de palabras que tenía, o tenerlo a mano (siempre supe que te ayudaron desde alguno de los dos oídos), o sigo sin saber qué mierda, que diera en alguna de esas dieciocho teclas.
Lo malo, entendí, era seguir bancando verle a ese, aunque rezagado en demasía (por diversión o gusto, tampoco sé eso...), demonio. Y eso que lo conocía, loco. Lo conocía, ¿será que planeaba concederle algo por su compañía? Vos seguías siendo linda, pero veía a ese jodon que cuelga de tus hombros. Sí, a ese duende feo y rojo. Y eso que no te hablo, eh.
-"De todas formas, gracias millones. Rara vez alguien me haya incitado tanto, aunque eso ya me venía siguiendo desde el polvo", me quedó pendiente y ya va a tener lugar esa casualidad. Solo eso, para que recuerdes mi voz.
Pensaba yo, y sabía que era solo hasta el próximo aburrimiento, de esos que son adictivos y necesarios. Y no hablo de las brechas dolorosas.
Pedí perdón por la (eterna) distracción y seguí con lo mío, con lo que mejor sé hacer (después del desentendimiento esporádico), y volteé los globos hacia los cristales más débiles que había visto desde hacía un rato corto. Rara e inesperadamente, hacía frío. O yo tenía frío. No sé.
Pensaba yo.
30 de noviembre de 2017
Lobizón, lobizónnn
Lobo suelto en cadenas arrojaban las aguas de algún lago algún. Jadeando lo ví; Lobo conoce ya el blanco paisaje cegador, y es tan plano que no deja lugar ya para más horizonte.Y sin embargo, camina. Ya ni gruñe ya.
Lobo, solías ser la guía. Tus aullidos eran cualquier idioma, un eco enmudecido; de nadie, pero solías serlo. ¡Ibas tan lejos! Siempre a tu amado frío norte. Frío.
Lobo, tus mañas. Rasquesé no mucho.
Lobo, tu muerte es presagio de cada dia, en especial de mañana. Quizás te crean, pero tan estoico...
Lobo, solías saber tanto de jaurías que los aullidos ya no escuchabas. Suele no haber peligro alguno.
Lobo, no perdiste tu olfato pero ya no andas oliendo culos.
Ya, Lobo, que poco merece tu oído. Ya.
Lobo que te sentabas a llorar la aurora boreal para soñar alguna maravilla.
Lobo, corrías viejo la juventud que aún te sigue. ¡Muerda, Lobo, muerda!
Lobo que no te gustan las lamidas, tu ladrido es música cuando querés. No todos los canes oyen bien.
Lobo, jóven veterano, dejá a los tuyos llorar tu andanza. Quizás tus huellas al norte no lloren, tal como inmundamente te llenaste de súplicas.
Lobo canoso, dejá para adelante.
Lobo, tus mañas. Demasiado te has carcomido.
16 de noviembre de 2017
¿Y ahora para dónde?
Ahí va, con un dardo que tira con toda su energías y resulta que no alcanza ni para despeinarla. Más fría que el hielo, duele, ¿no? ¡Qué va a ser!
Pero fue, con la pared de frente y el corazón pendiendo de un hilo, sangrando y chillón, buscando consuelo. Utópico, no cabe otra palabra.
Atrás quedó, atrás quedó ese polvo que parecía nube. Al parecer no dolió mucho, aunque acá seguro que sí. Y seguía en la misma, porque esa casualidad buscada, ese momento volente de eternidad, pegó disímil en los lados. Fue menguando y fue creciendo. Pero eran una parada más de dos viajes lejanos, siguió vuelo (sabía de planear bajo y remontar) y siguen sin avisparse de una vez.
Y en cambio hay otras, las más dolorosas, que son, paradójicamente, las más dulces, que azotan. Eso sí, estoy seguro que alguna historia merece todo esa masa inerte de amor que el éter terminó de finiquitar, que toda esa papa puede volverse palabra y zapar algo, qué sé yo. Un llanto vis a vis quedó en el tintero, puedo oler sal. Estoy seguro que puede llover y llover y eso queda ahí, poco de ello puede ser lavado, arrancado. Estoy seguro que se deben una mirada. Los ví, y mientras estuvieron había de qué. El pez muere por la boca, aunque llegó a balbucear toda su dulzura alguna que otra vez; el pájaro sigue su vuelo hacia el sol, quizás corriendo la alcance... ¡Cielo! ¡Que ahí te va uno de ellos!
Sigo soplando por él, el más precioso de los alados, el más dulce e inocente que haya por estos pagos. Hacele ameno su horizonte, que su utopía yazca en paz, lejos, así puede llegar lejos. Ya iluminó alguna noche, ahora te cruzará cruzando el cielo vos, estacado él, haciendo alarde de lo que los unió. Que el candor proteja de lo perverso. La casualidad está a la orden del día, y aunque sean sus ruinas viniendo, lo vi a él poner el pecho. Mejor dicho, ¡hasta pronto!
espiral
Varias propuestas para cruzar el río cerca del mediodía se decide arriesgar el paso El problema más agobiante es voluntario, por supuesto...
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Vos con tu orgullo, yo con mi procrastinación permanente. Al final llegamos al mismo punto y al menos compartimos espacio en este trajín. V...
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La persecución de la forma es eterna
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como indios sentados como gitanos esperan mueven sus manos mueven como qué intentan quizás marear al ocaso bajos bajo lo que les oprime que ...