Pienso que me quedó una vida por descubrir
24 de marzo de 2018
24 de febrero de 2018
22 de febrero de 2018
La estupidez triunfa en este juego
Sigo cargando conmigo algunas fichas que pegan bajo, aunque al parecer sigo bien parado. Cómo siempre, parado.
Resulta ser tanta la ingratitud de lo desordenado, tiré al fango una ficha que era no más que un feo recuerdo, aunque nunca caminé por él. Sabía lo que significaba, pero nunca lo saboreé. Nunca me gustó ser amigo de los amigos, y éste tampoco era el caso. Aún así, el desorden jugó bajo. Me mostró una mala y conocida cara. Al agua, pato.
Otra vez en el lugar de la casa, mi casa y la de todos, que más me contiene dulce y placenteramente cautivo. Otra vez, pero otra ficha. ¡Pero otra ficha! Y yo sabía que andabas un poco tristona, nunca te valoraron tiempo y forma, y esta vez tu mano derecha. Tanto que hablaste de ello y llegó tarde, algo que yo no perdonaría, algo de lo que vos llorás.
Yo sigo parado y por el campo andan corriendo, como siempre. ¡Queda pintada la rapidez, la puta madre! Y te gusta, y llorás porque te gusta, y llorás porque te hace mierda sentirte bien por tan poco. Tan poco.
Fuí caro, como con todos, pero con vos más aún. ¡mirá el berenjenal que te dejé! Lo miro y río, porque ni aunque me duela un poco opaca el goce. Soy caro.
Un recuerdo de mí no podrá hermosearte más, pero igual me mata no saber dónde estás ni qué hacer
Si habré llorado... Y aunque hoy no río, no chillo, porque nunca me gustó. Ni cuando me dibujaste la cara. Y aunque haya borrado tus veinte números, todavía me acuerdo el fin de ellos, y el arrebato todavía no puede conmigo.
¡Y esa ficha! ¿Qué sentirás? Todavía ni me tomé la molestia de tirarla a la mierda. Tanta psicosis después no me dió la sangre. ¡Pero cómo se equivocó, la puta madre! Tanto que hablas de ello...
Y todavía me resuena tu tortuosidad.
¿Por qué será que seguís rondando? Me doy miedo porque nunca sé qué mierda hacer y siempre andás al acecho.
Siempre caro, siempre mucho, siempre abrumando. Y me vuelve.
Aún así, cortés como siempre, me guardo unos cartuchos por si algún día te toca el suplicio de tener que andar en la mayor ingravidez de todas. Y el gusto siempre es mío, nunca tuyo.
Recordar para olvidar.
21 de febrero de 2018
Palabras des-ubicadas
Relativizar vomitivamente; regurgitar la falta otrora engullida; devolver el regalo sin poder (ni querer) cuadrarlo; volar en la aventura hacia la amnesia también amarga; ser voyeur y piel del descaro; des-conocer; ex-sistir; marcar, a diente pelado, la eterna bi-furcación; volver a lo más cuadrúpedo de sí mismo; enaltecer la humanidad manifiesta en cada espejo y cada des-precio por el suelo; ejercitar el borramiento con papilas también saladas; disminuir la nueva falsedad; jugar infantilmente a diario con la mortandad que sopla nucas; pretender la risa en lo sin luz -saberse alumno una vez más; camino y regreso a lo verdadero e inexpugnable; hacer las paces con el incordio; escupir la tinta; racionalizar lo estúpido; vuelta a la diversión más vacía; vuelta a la completitud y la falta también; retorno a la explicación; exhibicionismo de la putísima soledad; llenar los ojos de formas que no se ven; pasear por los deseos hasta saberse irresponsable; vuelta a la verdad, la única que hay. Ver el tiempo laburar el rostro.
El des-amor.
16 de febrero de 2018
Desde el pliegue
Desde el silencio, la efusividad resulta un vejámen. Resulta, claro, que no todo viejo lobo, arrinconado por él mismo, muestra los dientes. Más bien, quizás alguno de ellos, vive en la feliz opacidad de conocer el curso siempre desdeñable de las simples, más simples cosas. Sabe, alguno de ellos, que los dientes son la hilacha...
Sabe, alguno de ellos, que no siempre ese que mueve la cola sabe lo que hace, quizás porque andar oliendo culos cortés y aparentemente lúdica y desinteresadamente los mantiene abstraídos de la seriedad que supone cada huella en la nieve. Quizás haya baratura en no mirar, alguna que otra alocada vez, el fango, pero solo lo sabremos al llegar a la caverna.
Casi nunca era de a dos, sabés. Jamás deseado fue eso. Y era tan lindo ver arrumacos y acicalamiento entre tanto color, que el boludo no sabía con qué quedarse, ¡pero qué dilema! Pero el gris parece abundar por estos giros, se prefiere la seguridad. Grupear es ley, como diría un bípedo. Ya sé, algún momento de dulce tarascón hay, pero el aullido contagioso va cundiendo como una avalancha que ya nos obliga a vivir en puntas de pies. Y obvio, alguno de ellos ni baila ni corre ni desdeña su olfato con algún poco fino orto.
Prefieren el eco y no los reconozco. Menos mal que son iguales y no la misma especie. Todavía me mantengo candente en mi silencio, el silencio. Aguardando ese letargo ando, y de vez en cuando me permito salir del apagón a ver qué fría luz los llama desde un ficticio calor aunque sí saben que a pasar frío van, siempre al fin, siempre al cabo.
Y yo que pensé que esos raros se habían ido de nosotros, pero no. Cada aurora los siento más familiares, entiéndolos más y es asustadizo, tanto que si supiera reírme lo haría. Cometen la misma santa estupidez, perdieron el vívido color de los globos, al menos el que jodía todo el tiempo, para su bien. Ahí andan, ahí los tenés, solo pueden hacer lo suyo cuando ellos mismos se los permiten, y ya solo unos poco usuales lo hacen. Quizás al sur, en algún manglar, lo hacen, sé que sí. Pero son los poco usuales, a los que paradójicamente los echan con nosotros o con mis primos. Pero algunos de ellos, esos, se permiten tan bien el escape, la supervivencia, el adorno a ese cosquilleo latente, le dan vida.
Están volviendo a la caverna, nos siguen. Los siguen, yo no soy igual a ellos, y ellos tampoco a ellos, pero debo aullar. Verdad alguna, pero desde la quietud debo fabricar mi placer, su displacer al llegar.
15 de febrero de 2018
Anchorage
Tan verde y al paso, y tanto es el cansancio de tener que volver.
Tan pura en la belleza y tanto haría falta sin que deje de haberlo todo y mucho lo esencial.
Tanto silencio y mucho dicho por lo bajo.
Tanta vista que queda anclada a una vez anterior y nunca una palabra de ello. Tan poco y tanto código.
Tan chico el mundo, éste mundo, y tan liviano el cagar por acá (igual jode)
Tanto sueño en esquinas reliquias proyectando despegar para siempre saber de vos y sentirte y sentirme yo alguna otra vez.
Tan vos que me veo yo (no tan yo)
Tan segundo (o tercer o vaya a saber qué) plano que siempre se parte desde acá.
Tan puro el aire que vicia día a día.
Tan hermanos que nos solemos odiar.
Tan parecidos que venimos de tan lejos, pero prestámonos el asfalto.
Tan raspada la goma y tan pesado el ancla.
Tan bien se duerme que todos los días suelen ser iguales.
Tanta verborrea fea que divierte sin entidad.
Tan desconocida como ejemplar y tan ejemplo que quedó en un pasado.
Tan superfluo de a momentos que ahoga para siempre.
¡Tan a gusto que no quiero arrancarme un mísero día más!
Tantos mocos que volvería una vez más a cada uno.
Tantos árboles y tan feo aire.
Tan puro aire y tanta libertad sin honrar.
Tanta invasión y seguimos en paz.
Tantos mercenarios a elegir todos y cada día. ¡Tanta casta elegida!
Tanta mierda embellecida y tanto dulce de callado...
Tan naranja que te gusta jugar al blanco y negro.
Tanto extrañarte y para nunca venir igual, ¿qué va a ser de mí al volver?
12 de febrero de 2018
Ahora sí, año nuevo.
-¿Nunca te pasó de querer estar con una persona? Estar. Hablar, saber todo y cualquier cosa... Que elija de qué hablar, total tengo una vida para escuchar banalidades, o cosas serias (mejor aún), caminar, abrazarse, mirarse. Estar, existir con responsabilidad, solo eso.
Bueno, me pasa con vos.
-¿Y me invitarías a pensar?
-No.
-¿Por qué?
-Porque soy un alguien que piensa mucho, demasiado, y no te invitaría a lo insano. No ahora.
-¿Y? Te invito yo.
Chá, chá, chá.
23 de diciembre de 2017
Nubazón, nubazón
Llovía fino y vario. Pensaba yo, el viento, o lo que parecido a él era, traía algún que otro hastío. Más que todo, lo primero que se me cayó fue la culpa de presumir alguna aparente calma hacía un rato. Vos sabés que pequé en escupir semejante desparpajo. Yo también.
De a ratos, volvía a plano y nada más porque las patas sufrían algún que otro filamento de agua imberbe. Y me aburría.
Y me aburría. Vos sabés que la banalidad me puede solo para romperme las bolas, ¡no la entiendo! Siempre me puede y nunca la cazo.
Andaba como un pavo gritando a los cuatro vientos lo rápido que corría en el lugar, lo quieta que se movía mi nube. Mansa nube. Mansa. ¿Por qué? Al rato me seguía preguntando, porque ese vómito seguía saliendo, aunque menos, de mi sucia verba. Puto vómito, sé que es cuestión de tiempo, pero será que el reloj se habrá cansado de varios, porque lo sé. Pero yo voy pesado por mi cuenta, no me suele salir nada mal. En vez de cuatro o miles, yo solo una elegía elegir.
Pensaba yo. Pensaba que lo mío había sido, en aquel entonces, mirar alguna arpillera desde la vidriera (muy asilvestrada pero bien dada ella). Pensaba yo, también, en los golpes que veía que le habían dado, no sé yo cuándo ni quién, para que yo pudiera pasar. Preferí que siga siendo eso, porque muere un poco de mí con cada interés que debería, siempre nada más que debería, regalar al camino. Me habían dicho que liviano es más dulce o qué sé yo. Qué mierda sé yo.
Y me jodía ella, eh, me traía de vuelta un segundo. Pero no.
Ya acostumbrado a no mirar lo que toca -un ejercicio diario de varias repeticiones, empecé a entender que ya entendía algo, a fuerza de sí mirar los embustes y alguna que otra zamarreada, de qué momento era en el cual esa sal servía y en cuál está demás. ¡Sirve después y no ahí!; después de todo, seguía siendo la misma la que me arrebata(ba) las palabras, incluso aún sin haberme insinuado ni haber proyectado una puta neurona. Si vivís en una nube de mil pedos. Seguía y sigue siendo la misma, vos.
Mientras alguna humareda me borraba, ya desde hacía rato sentía un zumbido parecido a una voz. Ah sí, lo había olvidado pero alguno de los otros yo le respondía. ¡Blah!
-"Es ser escueto eso, querida. Necesitar de la vida, que voltee su roñosa cabeza hacia nosotros un minutín, no está mal. Es más, es lo que debemos esperar, mientras ayudamos meneando el orto de lado a lado, apresurados y apenados pero poniendo el pechámen al fin y al cabo; otra cosa, ilusa e inocente, es esperar de las personas. La vida tiene todo, las personas apenas diez dedos. Pero... aún así (ponele sal y pimienta si te place), ¿no concedés un centímetro? Tenés blandas las rodillas vos todavía, no jodás", claramente palo y palo, película proyectada para joder nomás. Está claro.
Ah, cierto, seguía éste ahí...
Último tren. Pensaba yo. Pensaba que quizás era que alguien tan odiosa de hacerse pasar por inocua y sonriente, alardeando una simplicidad prestada, pudiese encontrar ese juego de palabras que tenía, o tenerlo a mano (siempre supe que te ayudaron desde alguno de los dos oídos), o sigo sin saber qué mierda, que diera en alguna de esas dieciocho teclas.
Lo malo, entendí, era seguir bancando verle a ese, aunque rezagado en demasía (por diversión o gusto, tampoco sé eso...), demonio. Y eso que lo conocía, loco. Lo conocía, ¿será que planeaba concederle algo por su compañía? Vos seguías siendo linda, pero veía a ese jodon que cuelga de tus hombros. Sí, a ese duende feo y rojo. Y eso que no te hablo, eh.
-"De todas formas, gracias millones. Rara vez alguien me haya incitado tanto, aunque eso ya me venía siguiendo desde el polvo", me quedó pendiente y ya va a tener lugar esa casualidad. Solo eso, para que recuerdes mi voz.
Pensaba yo, y sabía que era solo hasta el próximo aburrimiento, de esos que son adictivos y necesarios. Y no hablo de las brechas dolorosas.
Pedí perdón por la (eterna) distracción y seguí con lo mío, con lo que mejor sé hacer (después del desentendimiento esporádico), y volteé los globos hacia los cristales más débiles que había visto desde hacía un rato corto. Rara e inesperadamente, hacía frío. O yo tenía frío. No sé.
Pensaba yo.
30 de noviembre de 2017
Lobizón, lobizónnn
Lobo suelto en cadenas arrojaban las aguas de algún lago algún. Jadeando lo ví; Lobo conoce ya el blanco paisaje cegador, y es tan plano que no deja lugar ya para más horizonte.Y sin embargo, camina. Ya ni gruñe ya.
Lobo, solías ser la guía. Tus aullidos eran cualquier idioma, un eco enmudecido; de nadie, pero solías serlo. ¡Ibas tan lejos! Siempre a tu amado frío norte. Frío.
Lobo, tus mañas. Rasquesé no mucho.
Lobo, tu muerte es presagio de cada dia, en especial de mañana. Quizás te crean, pero tan estoico...
Lobo, solías saber tanto de jaurías que los aullidos ya no escuchabas. Suele no haber peligro alguno.
Lobo, no perdiste tu olfato pero ya no andas oliendo culos.
Ya, Lobo, que poco merece tu oído. Ya.
Lobo que te sentabas a llorar la aurora boreal para soñar alguna maravilla.
Lobo, corrías viejo la juventud que aún te sigue. ¡Muerda, Lobo, muerda!
Lobo que no te gustan las lamidas, tu ladrido es música cuando querés. No todos los canes oyen bien.
Lobo, jóven veterano, dejá a los tuyos llorar tu andanza. Quizás tus huellas al norte no lloren, tal como inmundamente te llenaste de súplicas.
Lobo canoso, dejá para adelante.
Lobo, tus mañas. Demasiado te has carcomido.
16 de noviembre de 2017
¿Y ahora para dónde?
Ahí va, con un dardo que tira con toda su energías y resulta que no alcanza ni para despeinarla. Más fría que el hielo, duele, ¿no? ¡Qué va a ser!
Pero fue, con la pared de frente y el corazón pendiendo de un hilo, sangrando y chillón, buscando consuelo. Utópico, no cabe otra palabra.
Atrás quedó, atrás quedó ese polvo que parecía nube. Al parecer no dolió mucho, aunque acá seguro que sí. Y seguía en la misma, porque esa casualidad buscada, ese momento volente de eternidad, pegó disímil en los lados. Fue menguando y fue creciendo. Pero eran una parada más de dos viajes lejanos, siguió vuelo (sabía de planear bajo y remontar) y siguen sin avisparse de una vez.
Y en cambio hay otras, las más dolorosas, que son, paradójicamente, las más dulces, que azotan. Eso sí, estoy seguro que alguna historia merece todo esa masa inerte de amor que el éter terminó de finiquitar, que toda esa papa puede volverse palabra y zapar algo, qué sé yo. Un llanto vis a vis quedó en el tintero, puedo oler sal. Estoy seguro que puede llover y llover y eso queda ahí, poco de ello puede ser lavado, arrancado. Estoy seguro que se deben una mirada. Los ví, y mientras estuvieron había de qué. El pez muere por la boca, aunque llegó a balbucear toda su dulzura alguna que otra vez; el pájaro sigue su vuelo hacia el sol, quizás corriendo la alcance... ¡Cielo! ¡Que ahí te va uno de ellos!
Sigo soplando por él, el más precioso de los alados, el más dulce e inocente que haya por estos pagos. Hacele ameno su horizonte, que su utopía yazca en paz, lejos, así puede llegar lejos. Ya iluminó alguna noche, ahora te cruzará cruzando el cielo vos, estacado él, haciendo alarde de lo que los unió. Que el candor proteja de lo perverso. La casualidad está a la orden del día, y aunque sean sus ruinas viniendo, lo vi a él poner el pecho. Mejor dicho, ¡hasta pronto!
4 de noviembre de 2017
¿Y qué hacemos, Mingo, ahora?
Y a ver qué tal ese maldito traje, el de ridiculez... Ese putísimo traje me queda tan pintado hace tiempo. Solo la pregunta llega tarde, otra vez más. Ya hasta cansado de cansarme.
Como buen samaritano, o en intento de ello, acepto servilmente mi pienso y no me pienso salir de la vaina, no. Hace tiempo no merezco una mísera muestra de dientes. Cuestión de méritos y yo me encargo de que no afloren, ciego obvio.
¿Y qué mentir? Aún no me alcanza para la purga, siempre cinco pal peso. Seguís ahí, ya no seda sino verduga.
Debería acotarme a lo que soy, resumirme al regalo que me posee y no buscar ser engullido (¡nací para eso, putamadre!)
-Es un mercado, no te olvides.
De nada a todo y de todo a nada... No hay más que un par de símbolos, debería madurarlo.
-Vos y tus parámetros de pacotilla...
Y bueno, ando como nene mostrando una cajita, ¡qué escenita del orto! Como si alguna vez me tiré al río, ¿en qué me vi, loco?
-Sí, la indiferencia otra vez. Bah, siempre la hubo, y por ella he yo así.
Y sí macho, ¿qué esperás? Cambios no merecés, tu temple no merece seda. O falseás, que alguna sortija vas a ligar, o hacete el traje a medida.
-Que agradable hora para palazos, la concha de tu madre. ¿Por qué no viniste a bailar y a tirar un par de muecas como siempre? Total nunca compartís nada, siempre perro viejo vos eh. ¿Ya olvidaste tus sueños? ¿Ni a vos te creés?
Naaa, mirá hasta el puto lugar al que arrastré el orto. Ahora levité. Alguna maldición voy a largar, solo eso.
¿Si añoro? ¿Tiene algún valor la mentira? ¿Cuánto te dura la entereza poronga esa que te arranca un solo ladrido y se te acaba la nafta? Je. Ambos nos conocemos. Es más, nos parecemos... Salvo que el que pone la cara siempre es el más boludo de los dos, el más precipitado.
Esos paisajes... Putas plazas, calles, escenas. Bah, todo mal menos yo, je. Tonto... Te perdiste la vida, loquito. Se te veía el brillo en los ojos, siempre lo supimos. Era tu vida, que ningún parche te embauque. Le jugaste todo al drama, te quedaste sin balas de plata, eso es todo. Todo imperdonable, claro.
-A ver si caés, ni pasaste por la ruta y te ganaste una seda, hermano. ¡Mirá vos! ¡Ahora llorás por los rincones! Si yo te digo que nunca más, entendés a cuál de los dos me refiero, ¿noejasí?
-Eso creo. Pero no me gusta el azúcar, menos en el oído.
Tirás chascarros también ahora...
-Ajo y agua, no es más que un oído, boludo. A vos te arde... y a mí también, je.
-Terminá ya, ¿querés? Si de algo sirve o no, terminá, qué se yo. Sabés que esto no termina acá, que es unas piñas por días la cosa, pero bancame.
Algún solaz ya va a menguar toda esta sangría.
31 de octubre de 2017
Será la cura para todo mal que no merezcas
Sentado acá, nadie se atrevió, aún, a pararse. Para adelante o a los dos costados, bellos caminos. Pero no hay otra dirección, solo es adelante o a los costados. Y aparentemente es sano, así parece. Solo parece, todos se encargan de decir la otra mierda.
Y qué decirte... Vos sentate, y si te va, ponete el casco, quizás ves algo más. Te vas a ir moviendo, verás. Consejos doy pero no sigo. Supongo que en las mismas, ¿no?
Que ladren, maullen, lloren... El rebenque lo tenés vos y nadie más. Pero no es cortés que esté en la mano, no.
Y si aliento alguno necesitás, la cura para todo va a ser que no merezcas. No te acuestes, que se va a mover todo por vos y después los platos rotos los juntas vos, no todo. Dejá que pase, ni lo pienses, que también te va a hacer pegar un letargo tremendo, pero descansar... lo dudo.
Vestite de lindos y apagados colores, que te note el que sepa ver bien, el que tenga el dedo filoso, y ahí acribillalo con la sonrisa que mejor te quede. Pero pequeño obsequio, solo un refresco por su precisión, porque ignorar es el mejor nudo, verás; ojo, ¡te dije que te sientes, no que te eches al pasto! ¿Viste? Es mullido, pero vira a roca.
Sentate, vos sentate. Adelante, izquierda o derecha. Guarda que es adictivo y no cura una mierda e ignorar es la primera letra de tu defunción. Es un viaje de ida, obvio, si lo querés.
Y última cosa. Sentate y move el culo de vez en cuando porque te van a empujar y en la que mires para atrás, vas a ver un espejo y tu forma (¿a qué hombro elegís ahora? ¿Llegas a apoyar la cabeza en tu hombro?)
Ahora vayamos a ver tu show, ¡mierda toda!
27 de octubre de 2017
En la mesa chica, ¿se resigna a sí mismo?
-Yo ofrezco un desfachatado y magnífico paraíso de unicidad, pero no es más que una concesión. De algún parecido modo, espero algo más que una migaja del mismo pan.
Quien quiera perpetuarse en las inevitables y permanentes visitas, sean dulces o sean sin sabor, sabrá de qué modo mover su pesado culo, del mismo modo que repto por los ásperos suelos ofreciendo un vacío volente de llenar algún especial resquicio.
Soy honesto, lo sé y lo sabés. Vueltas da el carrusel.
26 de octubre de 2017
En posición horizontal y no pienso cambiar
Sonó el portazo nomás, y alcancé a escucharlo. Y sí, me es grato quedarme con alguna que otra cosilla.
Ese llanto, no supe cómo reaccionar ni qué mierda de mierdas decir. Es que lo sabés, al menos de mi dolor, que de los malos no está lleno, no. Cosa otra es que estén, diría yo, estratégicamente agazapados para morfar a un llorón.
Y sí, perdiendo el partido, vas a salir a buscarlo con bronca pero sin sapiencia, dejando atrás y también llevando como banderas vacíos que arden ahí donde no sabés dónde. Y sí, lamentablemente, hay vacíos que llenan, esos de los que algunos comen, de los que reciben de buitres a algún ganso.
Y sí, te vas a partir el sombrero veces varias, pero al menos en algún momento la plancha podrás hacer y de lo más liviano vas a descansar. Mal te ven, mal te tratan, ¿o no es así? Pero si no duele, no aprendés; y mirá, si algo aprendí de este portazo es que soy mejor, que ahora mismo estoy candente en una helada sangre. Aún me ancla alguna culpa, pero ya habrá rato para el goce.
Caminá, vos caminá, y si es posible, volá, que es tu anhelo, lo sé. No mires atrás ni atrás mío. Perdete que en una de esas te encontrás y aunque no te conozcas, vas a ser vos, ¡y la sonrisa es lo que mejor te queda!
Adiós, alérgica a las cadenas, lamento haber sido una. Te desearía de todo, pero nada de mí depende y vacío estoy. ¡Ojalá te cruce al mirar al cielo!
20 de octubre de 2017
Chicana ya póstuma
Entre las pasturas, quietud y los guturales-dulces-instintivos-animales ruidos, es regalo; entre el concreto, la sombra y muchedumbre, es misterio.
Desafiar a los decires populares es en vano, no por nada siguen revoloteando.
No te confundas. Un poste en el vendaval es salvación; en el día soleado no es más que un ornamento o que un estorbo.
18 de octubre de 2017
Zancada, cuclillas y letargo
La primera sequedad en los ojos no es más que un trastabillón; la segunda desesperanza no es más que un susto en el espejo; y por tercera vez finado, es que no es más que ser arrojado al lecho más duro y silencioso, donde... bueno, al menos la calma hará su itinerario por cada paisaje ennegrecido. Será ya cosa de calzarse los largos y adentrarse en lo incomodante del más temido reflejo; ya no hay lugar para el sabor de la sal.
Será cosa de tolerar al aire y a sus probos hábitos.
11 de octubre de 2017
Bla, bla y más bla
-¿Creés que pueda contribuir en tu felicidad?
-Si, obvio, ¿y yo en la tuya?
-Em, uia, en aprietos. Sí, desde ya, pero dejame explicarte algo. Hablábamos día atrás sobre mi sonrisa, o mejor dicho, la ausencia de ella, y tu linealidad entre sonrisa y felicidad. Y yo no sonrío por ser feliz, sino por error.
-¿Entonces?
-Entonces, voy a decirte que cuando haya felicidad, como momento que es, en parte es tuya. Felicidad no es sonreír. Felicidad es llorar, es el culo lleno de preguntas, felicidad es echarte en la cama o en el pasto y saber que recaés en realidad en alguien que está, dónde no sé, pero está. Felicidad es encontrarte en una palabra, felicidad es un recuerdo y es a lo que me llevas, es dormir y sentirte robándome cama, es dormir y sentirte robándome sueño y adentrándote en los sueños míos, y también es soñar despierto con vos. Felicidad es un momento, pero vos llegaste inoportuna, te metiste de prepo a incomodarme y hacerme esclavo de tu presencia para no enturbiarme. Felicidad es la duda que amarga también, porque al fin de cuentas hay motivo, motivo que falta y desasosiega en largos ratos.
Ya basta con el aburrimiento, ¿qué sigue?
¿Retorcido yo? Ja
-¿Por qué esa actitud constante? ¿Por qué afirmás siempre como si fuese tu verdad la común?
Sueno-me los dedos y descontracturo el cuello. Chasqueo la lengua y te clavo mis estocadas color café donde más te duelen.
-A ver, ¿por qué me consultás? Vos querés saber, yo te tiro las cartas que hay. Yo no puedo hablarte más allá de lo que hay en mi cosmovisión. Es un todo, todos tenemos una, es decir, todos tenemos un todo. Y yo, un poquito más orgulloso, poco dispuesto a negociar lo que me viene. A veces, cuestionar amarga, y te lo digo yo que poco dulce conozco. Verás, querida, este milagro es una experiencia sensorial, es ir haciendo caso a esos cinco, seis o siete -ni idea, ir conjugándolos y tratar de con ellos no ir pisando a nadie en el camino hacia adelante. Pero... ¿por qué tendría yo que menoscabar lo que percibo? Disfrutemos la disidencia, enriquezcámonos a costas de esa brecha y dejemos enseñarnos uno al otro sin esa camaradería sobrevalorada que tanto nos recriminamos al actuar contrariamente a la amabilidad ficcional. ¡Que la soberbia no envenena tanto!, ¿no ves? Permitime avasallar sin rumbo fijo, que estás al costado, no enfrente.
Ahora voy a fumar mientras te escucho, linda. Estoy agitado, voy a abrir la ventana. Disculpá.
Si hubiese esperado ese beso como respuesta, hubiese sido aún más irreverente.
espiral
Varias propuestas para cruzar el río cerca del mediodía se decide arriesgar el paso El problema más agobiante es voluntario, por supuesto...
-
Vos con tu orgullo, yo con mi procrastinación permanente. Al final llegamos al mismo punto y al menos compartimos espacio en este trajín. V...
-
La persecución de la forma es eterna
-
como indios sentados como gitanos esperan mueven sus manos mueven como qué intentan quizás marear al ocaso bajos bajo lo que les oprime que ...